Pelotón · 2 de noviembre de 2026
Las mulas de Strava: cuando pagamos para parecer ciclistas
Ya hay gente que paga a otros para que corran o pedaleen con su cuenta de Strava. Parece una anécdota, pero retrata algo muy humano: lo acomplejados que vivimos y lo mucho que nos importa parecer en lugar de ser.
Ha nacido un oficio nuevo, y no es broma: las «mulas de Strava». Deportistas que cobran por salir a entrenar con la cuenta de otra persona. El cliente pone la distancia, el ritmo y el recorrido; la mula hace el trabajo, y al día siguiente el cliente luce en su perfil una salida impecable, una media envidiable y los kudos de sus amigos. Hay tarifas para todo: desde un euro por kilómetro hasta encargos de cientos de euros por una maratón «hecha» por otro.
Todo bajo una máxima que conoce cualquiera que use la aplicación: si no está en Strava, no ha pasado.
Es fácil reírse. Pero conviene no reírse demasiado rápido, porque las mulas no son el problema. Son el síntoma.
Lo acomplejados que somos
Nadie paga para que otro pedalee por él si está en paz con lo que es. Quien contrata una mula no compra kilómetros: compra una imagen. La de alguien constante, disciplinado, en forma. La imagen que cree que los demás esperan de él.
Y antes de señalar a nadie, hagamos un poco de examen de conciencia, porque esa misma inseguridad la tenemos casi todos en dosis más pequeñas:
- La salida que no publicas porque la media quedó baja.
- El semáforo que te saltas para no estropear la velocidad.
- El segmento que atacas a muerte en una semana de recuperación.
- El grupo al que no esperas porque «te enfría las piernas».
- El rodaje suave que te da vergüenza subir porque «parece poca cosa».
Todo eso es lo mismo que la mula, pero sin factura. Es pedalear para el escaparate en vez de para uno mismo.
El precio del escaparate
El problema no es moral, es práctico. Cuando la motivación viene de fuera —los kudos, los trofeos, lo que pensarán los demás—, entrenas peor. Te saltas los descansos porque no lucen. Haces las salidas fáciles demasiado fuertes porque una media baja da vergüenza. Y el día que el aplauso no llega, se te van las ganas. La psicología del deporte lo tiene muy estudiado: la motivación que depende de la mirada ajena dura menos y acaba antes en lesión o en abandono.
Y luego está lo evidente: una salida que hace otro no te pone en forma a ti. Los kudos no suben el FTP. Puedes engañar a tus seguidores, pero no a tus piernas el día que de verdad tengas que subir un puerto.
El antídoto
En el ciclismo, el antídoto contra el complejo tiene nombre en esta casa: el Factor Gure. La idea de que entrenamos juntos, compartiendo el mismo objetivo, el mismo sufrimiento el mismo día y la misma diversión, y de que cada uno mide su progreso contra sí mismo, no contra el escaparate.
De eso va el libro. El Factor Gure son 116 capítulos cortos, para leer en cinco minutos, escritos durante un año a primera hora de la mañana. Uno de ellos, el 73, se titula precisamente «Cuando Strava deja de ser una herramienta», y explica cómo usar la aplicación sin que la aplicación te use a ti. Pero el resto también va de esto: de entrenar con cabeza, de disfrutar del proceso y de dejar de compararte con quien no eres.
Porque al final la pregunta no es cuántos kudos tiene tu salida. Es si la has hecho tú.
“Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos ante los demás que acabamos disfrazándonos ante nosotros mismos.” — François de La Rochefoucauld