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Pelotón · 8 de octubre de 2026

¿De verdad es Pogacar mejor que Merckx? Capítulo 4: Rodillas de hierro y el depósito lleno

Empujar 71 N·m en cada vuelta tiene un precio en las rodillas. Y aguantarlo 250 kilómetros depende de lo que llevas en el depósito. Ahí la distancia entre épocas es una revolución.

¿De verdad es Pogacar mejor que Merckx? Un estudio científico en cinco capítulos sobre las capacidades fisiológicas de los dos, y una respuesta basada en datos. Capítulo 4 de 5 · Rodillas de hierro y el depósito lleno

Ayer vimos qué hace el torque con las fibras musculares. Hoy bajamos a las articulaciones y luego abrimos el depósito.

Lo que aguantaban las rodillas

Mover desarrollos tan duros no solo cuesta metabolismo. También mete fuerzas destructivas en el tejido conectivo, y las rodillas de los corredores de antes vivían en niveles de estrés extremos.

El ciclismo es repetición: vuelta, vuelta y otra vuelta. En la fase de empuje —la propulsiva, más o menos entre los 70 y los 110 grados de biela desde el punto muerto superior— la rodilla tiene que transmitir toda la potencia al pedal. La investigación clínica en biomecánica ortopédica lo avisa: mucha potencia con poca cadencia dispara de forma logarítmica la compresión patelofemoral —la rótula apretando contra el fémur— y la compresión tibiofemoral.

Los modelos cinemáticos del miembro inferior le ponen número: si bajas la cadencia de 90 a 70 rpm manteniendo la misma potencia, el pico de fuerza de compresión patelofemoral (PFC) sube alrededor de un 29 %. Además, con cadencia baja los picos de activación muscular llegan más tarde, y se exige más potencia a los extensores de la cadera antes de cargar a fondo los extensores de la rodilla.

Ahora llévalo a 1970. Los 71,62 N·m que necesitaba Merckx para mover 450 vatios en subida sometían su cartílago y su tendón rotuliano a un microtraumatismo crónico en cada vuelta de pedal. Pogacar, con su pedaleo redondo y muy revolucionado, reparte la fuerza pico a lo largo de toda la circunferencia. La cadencia alta sostenida hace que el músculo trabaje de forma más «elástica» —como un muelle, lo que en inglés llaman spring-like behavior—, con transiciones fluidas de coactivación entre flexores y extensores que reducen mucho la carga que huesos y articulaciones soportan en cada ciclo.

Que Merckx sobreviviera a aquel kilometraje de competición desmesurado, sin la protección que da la cadencia alta, habla de una densidad ósea y tendinosa profundamente adaptada.

El depósito: de sobrevivir a ir lleno

La mecánica explica cómo aparece la fuerza. La nutrición explica cuánto tiempo puedes mantenerla antes del colapso, antes de que aparezca el hombre del mazo —la temida pájara—. Y aquí la diferencia entre épocas no es un avance: es una revolución bioquímica.

Comer como en los setenta

En los años de Merckx y Ocaña, la nutrición aplicada al alto rendimiento era rudimentaria. Se avituallaban con comida sólida —carne, fruta asada, bollería densa— y encima tenían que pelearse con dogmas médicos equivocados que recetaban restringir el líquido, porque se creía que beber mucho durante el esfuerzo daba pesadez de estómago y bajaba el rendimiento. Los carbohidratos que entraban durante la carrera se absorbían lentísimo, sin ninguna posibilidad de igualar el gasto calórico. Resultado: un vaciado rápido y severo de las pocas reservas de glucógeno del músculo y del hígado.

Y ya vimos que Merckx pedaleaba a cadencias que obligaban a tirar en masa de fibras tipo II, que devoran glucógeno. Debería haber vivido al borde de la pájara de forma constante. Pero tenía la costumbre de reventar carreras después de 250 kilómetros, justo cuando un organismo normal ya habría colapsado o estaría reducido a quemar grasa, despacio y con poca potencia. Eso indica que su tolerancia a la hipoglucemia y su eficiencia para usar y ahorrar glucógeno eran una rareza genética de verdad, incluso comparadas con las de sus propios rivales.

Entrenar el intestino

En el otro extremo, Pogacar no tiene que asomarse nunca a ese precipicio. Con el equipo científico del UAE Team Emirates y sus fisiólogos, ha llevado al extremo el gut training, el entrenamiento del intestino. Durante décadas se pensó que había un muro infranqueable: unos 60 gramos de carbohidratos por hora como máximo, porque ahí se saturan los transportadores del intestino.

La nutrición moderna tiró ese dogma al descubrir que hay varias vías de absorción. Con mezclas de glucosa y fructosa en proporciones precisas —al principio 2:1, cada vez más afinadas hacia 1:0,8— el intestino activa a la vez, y por separado, dos transportadores: el SGLT1, que mete la glucosa y se satura en torno a 60 g/h, y el GLUT5, que va por su cuenta con la fructosa. Con esas dos puertas abiertas, ciclistas como Pogacar meten en sangre hasta 120 gramos de carbohidratos por hora. Y encima, unos 950 miligramos de sodio por hora con geles isotónicos hechos a medida, para evitar el desequilibrio osmótico y los calambres cuando se suda a chorros con calor.

Lactato en el bolsillo

Un paso más allá están los geles mixtos con lactato, como los que fabrica Enervit para el equipo emiratí: por ejemplo, 90 gramos de carbohidratos mixtos con 10 gramos de sales de lactato. Meten lactato exógeno directamente en la circulación, se saltan pasos intermedios de la glucólisis y dan al corazón, al cerebro y a las fibras lentas un combustible de primera sin tener que tirar de los depósitos de glucógeno. Resultado: hasta un 4 % más de economía energética y una sensación de esfuerzo neuromuscular bastante más baja.

Las consecuencias son contundentes. Pogacar llega a la parte final de una etapa maratoniana con el glucógeno muscular casi intacto. Cuando lanza su ataque a 6,98 W/kg en las rampas de Plateau de Beille tras cuatro horas de carrera, sus músculos no responden como un tejido hambriento y cansado, sino con los depósitos llenos y a pleno rendimiento.

Y ahora dale la vuelta. Si al Merckx de los setenta le hubieras dado esos carbohidratos de doble absorción y le hubieras quitado la escasez de glucógeno que lastraba sus últimos ataques, no hace falta ser matemático para ver que sus ya legendarios vatios absolutos en los Pirineos habrían llegado a sitios que nadie exploró en su época.


Mañana, la última: 195 días de competición contra 55, las Grandes Millas contra la Zona 2… y el veredicto.

¿De verdad es Pogacar mejor que Merckx? · Los cinco capítulos:

  1. El motor del Caníbal
  2. La era de los siete vatios
  3. 71 newton-metro por pedalada
  4. Rodillas de hierro y el depósito lleno ← estás aquí
  5. El veredicto: la respuesta con datos

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