Nutrición · 18 de septiembre de 2026
Entrenar el estómago: la sensatez frente a la ingesta alocada de carbohidratos
Si te mueves por redes sociales, lees revistas de ciclismo o sigues a 'influencers' del entrenamiento últimamente, seguro que te han bombardeado con el nuevo dogma absoluto de la nutrición deportiva: «tienes que ingerir 120 gramos de carbohidratos por hora si quieres rendir».
La industria de la suplementación nos está vendiendo la idea de que, para no quedarte tirado en la cuneta, tienes que engullir geles hiperconcentrados a un ritmo frenético, imitando exactamente la pauta nutricional que siguen Tadej Pogacar o Van der Poel. Te dicen que si no ingieres esa montaña de azúcar, estás fallando.
Ha llegado el momento de decir la verdad y desmontar este fraude: recomendar a un ciclista aficionado que intente llegar a los 120 g/h no solo es un error comercial, es una irresponsabilidad fisiológica que te va a arruinar el fin de semana.
Las matemáticas no mienten Hagamos números básicos de fisiología. Un ciclista profesional del World Tour consume 120 gramos de hidratos de carbono por hora porque está empujando 350 o 400 vatios normalizados durante etapas de cinco horas. A esa intensidad, quema una cantidad de energía sencillamente brutal (más de 1.200 kilocalorías por hora). Su motor demanda esa cantidad ingente de leña porque el fuego que tiene dentro es gigantesco.
Pero tú y yo no nos acercamos por muchísimo a esas intensidades. Si eres un ciclista recreativo que rueda a 180, 200 o incluso 220 vatios en su salida del domingo con la grupeta, tu gasto energético es muchísimo menor (quizás unas 600-700 kilocalorías por hora). Además, a esa intensidad moderada, una gran parte de esa energía proviene de la oxidación de tus grasas, no solo de los carbohidratos. Si intentas forzar 120 gramos de azúcar (que son casi 500 kcal puras de carbohidrato) por hora en un sistema digestivo que no lo necesita y que no lo está quemando a esa velocidad, el desastre está garantizado.
El colapso gastrointestinal Cuando haces ejercicio, tu cuerpo es inteligente y prioriza la supervivencia. Desvía la mayor parte del flujo sanguíneo desde el estómago y los intestinos hacia las piernas (para darles oxígeno) y hacia la piel (para enfriarte). Esto significa que tu sistema digestivo se queda funcionando «a medio gas».
Si en ese estado de bajo flujo sanguíneo le metes 120 gramos de carbohidratos sintéticos, tu intestino no podrá absorberlos. Los transportadores intestinales (el SGLT1 para la glucosa y el GLUT5 para la fructosa) se saturarán. ¿El resultado? Esa masa de azúcar se quedará estancada en tu estómago e intestinos atrayendo agua, fermentando, y provocando hinchazón, náuseas, calambres intestinales severos y, casi con total seguridad, una parada de urgencia detrás de unos matorrales.
La gestión sensata de GURE En GURE apostamos por una gestión nutricional responsable, sensata y adaptada a tu motor. No se trata de volver al romanticismo rancio de salir solo con un botellín de agua y sufrir pájaras épicas, sino de encontrar tu punto de equilibrio fisiológico.
1. Tu rango real: Para la inmensa mayoría de nosotros, un rango de 40 a 60 gramos por hora es el objetivo ideal para salidas de intensidad media. Si vas a hacer una marcha muy dura (como la Quebrantahuesos o una ultra de gravel), y has entrenado tu estómago, puedes buscar subir a los 80 gramos por hora. Ir más allá es jugar a la ruleta rusa con tu sistema digestivo.
2. El fraude de los geles frente a la comida real: Los geles mágicos no existen. Son simplemente agua con maltodextrina y fructosa. Entrenar el estómago significa adaptar tu sistema digestivo progresivamente usando comida real siempre que sea posible. Un plátano, un sándwich pequeño, dátiles, higos o arrozitos en las primeras horas de la ruta, donde la intensidad es menor, protegen tu estómago y te dan energía sostenida.
3. Táctica de carrera: Deja los geles líquidos y los gominolas de alta concentración para la última hora de la marcha o el puerto final. Ahí es cuando vas a fuego, no puedes masticar y necesitas que la energía (la glucosa y la fructosa) llegue a la sangre en cuestión de minutos sin requerir apenas digestión.
No eres un Fórmula 1, y tratar a tu cuerpo como si lo fuera atiborrándolo de geles de 120g/h solo te llevará a visitar el arcén con retortijones. Aprende a escuchar a tu estómago, entiende la química del bidón perfecto y come con lógica. Deja las modas extremas para los que cobran por llevar un dorsal.
“Come antes de tener hambre, bebe antes de tener sed, pero sobre todo, come solo lo que tu motor pueda quemar y tu cuerpo pueda procesar.” — Proverbio ciclista